Aprende a respirar y regular tus emociones

Cualquier profe de yoga te vamos a decir que respirar es lo más importante de todo, que la respiración es la base del yoga y lo de hacer el pino con las orejas ya llegará (o no). Aprender a respirar bien es fundamental en tu práctica de yoga, pues es la mejor manera de acompasar movimiento y respiración, de mantenerte en las posturas estáticas, de conocer tu propio cuerpo y, además, mejorar tu equilibrio, tu concentración, tu equilibrio, reducir los niveles de estrés y ansiedad…

Respirar bien tiene múltiples beneficios. Para mí, uno de los más importantes es cómo te ayuda a regular tus emociones. Piénsalo: cuando te encuentras en una situación de tensión, estrés, excitación o miedo respiras de manera superficial y entrecortada pero, si estás en un momento de comodidad, calma, seguridad o concentración tu respiración es profunda y pausada. ¿Te habías dado cuenta?

Cómo aprender a respirar

Me vas a decir que ya sabes respirar y no te lo niego: si no respirases, no estarías leyendo este artículo. Lo que queremos enseñarte cuando practicas yoga es a respirar correctamente. Se trata de conectar con tu ser, de retomar aquello que sabías hacer perfectamente cuando llegaste a este mundo pero que has ido olvidando a medida que crecías. Todos lo hemos olvidado. Volver a aprenderlo está a tu alcance.

Tu respiración es tu prana, tu energía interior, aprende a equilibrarla.

Si observas cómo respiran los bebés y los niños pequeñitos, te darás cuenta de que lo hacen desde el abdomen: su barriga sube y baja a medida que inhalan y exhalan. Es especialmente visible mientras duermen. Al crecer olvidamos que tenemos esa habilidad y no aprovechamos toda nuestra capacidad pulmonar. Tampoco respiramos por la nariz, tendemos a exhalar por la boca. Esto es útil en determinadas situaciones (deportes, ejercicios puntuales, dificultades o patologías médicas), pero es más recomendable respirar sólo por la nariz: hace de filtro para el aire que entra y el que sale.

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Ayudar a los demás, poner plena atención en lo que haces, cuidarte, respirar adecuadamente, liberarte de cargas que no te corresponden… todo esto también es yoga.

Paso a paso

Para empezar, encuentra tu postura cómoda: en posición sentada o tumbada, manteniendo en cualquier caso la columna larga, la espalda firme (pero no forzada), las piernas bien apoyadas, la cara relajada. Quizá, las primeras veces te resulte más cómodo practicar en posición tumbada; de este modo, no estarás tan pendiente de tu postura y podrás llevar toda tu atención a tu abdomen y a tu respiración.

Busca un momento de calma, sin interrupciones. Y en entorno acogedor. Cierra los ojos antes de empezar. Te recomiendo ir progresivamente: cuando ya sientas comodidad con el primer tipo de respiración, pasa a probar el siguiente.

  • Respiración abdominal: coloca ambas manos sobre tu abdomen, un poquito por debajo de tu ombligo. Inhala y exhala lentamente, por la nariz, sintiendo el movimiento. Ve alargando la respiración tanto como te sea posible. Visualiza el recorrido del aire en tu interior.
  • Respiración torácica: coloca ambas manos sobre tus costillas, un poco por debajo de tu pecho. Inhala y exhala lentamente, por la nariz, sintiendo el movimiento. Ve alargando la respiración tanto como te sea posible e intenta no llevar tu respiración a tu abdomen. Cuesta, pero se puede hacer.
  • Respiración clavicular: coloca ambas manos sobre tus clavículas, puede ser más cómodo si cada mano va a la clavícula contraria. Inhala y exhala lentamente, por la nariz, sintiendo el movimiento. Ve alargando la respiración tanto como te sea posible e intenta no llevar tu respiración más abajo, mantenla en las clavículas. Así respiras la mayor parte del tiempo, aunque no seas consciente de ello.
  • Respiración completa: inhala llenando abdomen, pecho, clavículas y exhala en el mismo orden. De manera consciente, lenta, profunda y pausada.

A medida que practicas, puedes ir cambiando los ritmos: inhalación y exhalación igual de largas, exhalación el doble de larga que la inhalación, breves retenciones de aire con los pulmones llenos (1 o 2 segundos) o con los pulmones vacíos. Conocer cómo respiras es fundamental para encontrar tu equilibrio cuando lo necesitas: salir de los estados de agitación es tan sencillo como cerrar los ojos y respirar. Unos minutos, apenas. Suficiente para calmar la mente y poder verlo todo con una nueva perspectiva: dando importancia sólo a aquello que realmente la tiene.

Cuándo practicar estas respiraciones

Como digo, con la respiración adecuada puedes regular tus emociones y dirigirte allí donde quieras estar, saliendo de los bloqueos mentales que te impiden avanzar. Además, respirar bien ayuda a ampliar tu capacidad pulmonar y de concentración.

Lo mejor de todo es que no necesitas ponerte la ropa deportiva, desenrollar la esterilla ni encender incienso para practicar estos tipos de respiración: sólo te hace falta ser consciente de cómo estás respirando ahora mismo y si quieres cambiarlo. Cómo te encuentras mental y emocionalmente. Cualquier momento es bueno: caminando, haciendo recados, trabajando, leyendo… Te detienes un momento, tomas consciencia, comienzas a respirar por tu nariz y de manera pausada y continuas con tu actividad. Antes de que te des cuenta lo harás de manera inconsciente, formará parte de ti.

Y tú, ¿cómo respiras?

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